Llega septiembre y el inicio del curso escolar. Los niños vuelven al colegio para aprender a sumar, restar, leer… y de forma más o menos explícita, con el silencio o la palabra, entre sus compañeros o familiares, aprenden también sobre la sexualidad.
En los talleres de educación sexual que he tenido el privilegio de dar, o a los que he podido asistir, en varias escuelas, me he dado cuenta de la cantidad de información que reciben los niños sobre la sexualidad. Me encanta cómo, cuando les das el espacio y la confianza, te lo cuentan con detalle: los sugerentes movimientos del actor y la actriz en los comerciales de perfumes, la máquina de condones en el supermercado, la tienda que vende pene- o vulva- gofres con forma, o vídeos pornográficos, del tipo spam, saltando sobre ellos mientras juegas en la tablet…
También aprendemos en la infancia que bromear sobre la sexualidad es empoderador. Solo tienes que ir a una clase y observar. Hacen gestos con las manos simulando el pene y la vagina, repiten palabrotas que escuchan en el mundo de los adultos, gimen y, en el peor de los casos, intimidan a otras niñas y niños con la excusa de que es una broma. ¡Qué cóctel!
Por un lado les llama la atención la sexualidad, por otro aprenden una parte muy pequeña y sesgada de lo que es la sexualidad, y además buscan encajar en un sistema que legitima a los que bromean sobre los que no. ellos hacen esto. . ¿Y no es esto lo mismo que sucede a menudo en el mundo de los adultos?
Me parece curioso que esta mala educación sexual siga ahí fuera y hagamos algunas contramedidas. Que las familias aún sigan pensando que es mejor no hablar, que hablar demasiado. Como no saben por dónde empezar, eligen mantener la boca cerrada. Y hoy en día hay muchas familias que se avergüenzan de hablar de sexualidad con sus hijos. Lo mismo ocurre con los profesores, educadores, pediatras, monitores de ocio…
El sexólogo Carlos de la Cruz dice que se aprende a hablar de sexualidad hablando. Pero para aprender a hablar, también debes aprender a escuchar. Y si nadie en casa, en la escuela, después de la escuela, en el centro de salud me habla de sexualidad, ¿cómo voy a entender que es importante conocerme, aceptarme y disfrutar? ¿O que la sexualidad es algo que soy, siento y disfruto más allá de mis genitales?
Es urgente aprender a hablar de sexualidad en la escuela, en el hogar con la familia, en la consulta del pediatra y en las actividades extracurriculares. Acompañando la sexualidad de los niños y niñas y contándoles muchas cosas, dándoles palabras, conocimientos y coherencia para interpretar, comprender e incluso cuestionar lo que les llega en la tele, en sus amigos del colegio o en Internet. Porque así, el día que tengan un problema, hagan una broma, o griten “maricón” en la puerta del colegio, te lo podrán contar. Y no solo eso.
Si no se habla de sexualidad, no existe. Y si no existe, podría pensar que es algo malo. ¿O es solo la pequeña parte sesgada que obtengo de Internet, de otras personitas en la escuela, de la televisión…
Si me insultan y no lo digo, el problema no desaparece.
Si crezco pensando que tener sexo es igual a coito, aprenderé muy poco sobre las relaciones.
Si nadie me regaña por ciertas bromas con las chicas en clase, pensaré que así es como se trata a las chicas.
Y si no me dicen que la diversidad es normal, pensaré que si soy LGTBIQA+ nadie me va a querer.
Así que queridos padres, madres, educadores, profesores, pediatras… empieza el curso y ya tenéis deberes para todo el año. Tus criaturas merecen más que suficiente en los valores de igualdad, respeto e inclusión. Tus criaturas merecen herramientas para la vida, incluso en el ámbito de la sexualidad.
Y si tienes ganas y voluntad, pero no te sientes capaz, o no sabes por dónde empezar, hay recursos que pueden ayudarte: por ejemplo, profesionales, o libros y manuales (algunos gratuitos y disponibles online, aquí tienes algunos ejemplos aunque hay muchos más).
¡Alegrarse! ¡Y no te olvides de la educación sexual este curso!
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